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Heimo Zobernig (Mauthen, Austria, 1958)

Sin título

2009

INFORMACIÓN DE LA OBRA

Acrílico sobre cuatro paneles de cartón yeso, 320 × 595 cm c/u (4 piezas)

En la trayectoria artística que viene desarrollando desde los tempranos años ochenta del siglo XX, el austriaco Heimo Zobernig se ha servido de disciplinas limítrofes a las tradicionales artes plásticas como el diseño o la escenografía, con la misma audacia que ha empleado en revisar e incorporar a su obra lenguajes heredados de la abstracción, el minimalismo, el constructivismo ruso o De Stijl, con el fin último de cuestionar posiciones conceptuales sobre la creación del arte y su exhibición.

Llegado el final de la primera década del nuevo siglo, Zobernig proyecta esta obra sin título para estimular una postura crítica frente a premisas artísticas consensuadas, utilizando para ello el elemento esencial del color, tanto en su disposición por el artista como en su percepción por el público. Aprovechando sus conocimientos escénicos, idea sobre cuatro grandes paneles de cartón yeso sendas cuadrículas regulares de sesenta y seis cuadrados, cuyos escaques pinta con distintos tonos de color rojo dejando algunos en crudo que matizan sus timbres cromáticos.

La obra se presenta como la materialización plástica de una línea de investigación que Zobernig inicia en sus libros Die Kunst der Enzyklopädie (1988) y Lexikon der Kunst (1992), en los que cuestiona de forma teórica la legitimidad de los manuales enciclopédicos. Esta temprana inquietud ramifica más tarde en su interés por los estudios del color, cuya presunta objetividad confronta con el escritor Ferdinand Schmatz en su obra conjunta Farbenlehre, editada con ocasión de la sección de libros de artista auspiciada por Kasper König en la Feria del Libro de Frankfurt de 1995. Este último compendio recoge distintas reflexiones en torno al color hechas por filósofos, pedagogos, físicos o artistas desde la Antigüedad a nuestros días, concluyendo en la imposibilidad de una verdad indubitable sobre el asunto.

Como si de un experimento taxonómico se tratara, aquí Zobernig aplica con la espátula hasta veintiséis tonalidades distintas de rojo de la marca Lascaux haciendo uso del pigmento puro, sin mezclar, tal como lo proporciona la industria para su utilización. Las sustancias de estas tintas poseen diferentes características físicas y químicas que determinan el tono, la saturación, la transparencia, la luminosidad, el brillo, la reflexión y la superficie del panel, por lo que obtiene un espectro cromático no idealizado de matices carmesíes, bermellones, anaranjados, azulados o pardos; el resultado es una expresión organizada de un sistema de colores. Delegando en esta estructura objetiva, Zobernig se expresa subjetivamente moviéndose en los límites de las afirmaciones categóricas –en este caso el color rojo– para concluir con la consiguiente imposibilidad de establecer valores objetivos; la percepción artística se cifra en una experiencia individual. En línea con esta acción, que recuerda a un trampantojo teatral y a un repertorio enciclopédico contrahecho, Zobernig aprovecha para reflexionar sobre su múltiple condición de artista, escenógrafo o científico, trasladando la ambigüedad teórica que plantea al propio concepto de la autoría plástica. [Almudena Cruz Yabar]