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José Gutiérrez Solana (Madrid, 1886-1945)

La peinadora

hacia 1937

INFORMACIÓN DE LA OBRA

Óleo sobre lienzo, 163 x 110 cm

OTRA INFORMACIÓN

Firmado en el ángulo inferior izquierdo “J. Solana”

En el universo femenino de Solana, poblado de mujeres rudas y belleza ausente, ocupan un lugar propio las peluqueras, a las que identifica mediante los diversos elementos de su profesión.

El pintor traslada al lienzo lo observado en diferentes peluquerías de Madrid, ubicadas en pisos de las calles El Amparo o Tres Peces, que colocaban en sus balcones los maniquís utilizados para hacer practicas de peluquería o para peinar y crear pelucas.

En La peinadora, descrita en sus relatos como “Lola la peinadora”, utiliza maniquís de mimbre, cabezas adquiridas en el Rastro madrileño que pueden contemplarse en algunas de las fotografías que se conservan de su estudio y que aparecen incluso en su Autorretrato de 1943.

Observamos en esta pintura la utilización de dos espejos, algo habitual en la obra de Solana. Es un recurso que emplea para reflejar lo que el espectador no percibe, en este caso, la nuca borrosa de la peluquera, cuyas manos callosas denotan sin duda su humilde origen. La descripción literaria de Solana es muy concisa: “Al acabar la calle, cuando vamos más distraídos, cae desde un balcón una bolita de pelo, después otra más grande y alguna vez un mechón. ¿Qué será esto? Miramos hacia arriba, y en un balcón se ve una cabeza de mujer de cartón, toda despintada y golpeada; el busto de mimbre lo tiene vestido con una chambra azul. Esta cabeza tiene pelo natural, que cuelga por los hombros enmarañado y sucio. Debajo de la cabeza, un cartel con letras grandes dice “Lola la peinadora” […].

El tema es sin duda muy de su agrado, porque la misma composición aparece ya en 1918 con muy ligeras variantes en La peinadora barata, así como en dos dibujos de 1918 y 1927 y en un aguafuerte de 1932.

Esta versión fue pintada durante su exilio en París, en su residencia del Colegio de España de la Ciudad Universitaria, para ser expuesta en la muestra que Raymond Cogniat organizó en la sala de la Gazette des Beaux-Arts, y destaca fundamentalmente por una factura más suelta y por una vivacidad y dinamismo de los que carece la obra de 1918.

María José Salazar