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Cléo de Mérode, 1910

Óleo sobre lienzo, 160 × 108 cm

París, 1910. Inscripción al dorso: “Retrato de Mlle. Cléo de Mérode / Pintado en París por Manuel Benedito en el año 1910”.

PANTALLA COMPLETA

Manuel Benedito

Valencia, 1875 – Madrid, 1963

Manuel Benedito, tras realizar sus estudios entre 1888 y 1894 en la Escuela de Bellas Artes de Valencia y entre 1896 y 1899 en el estudio de Joaquín Sorolla en Madrid, fue pensionado oficial a Roma entre 1900 y 1904. En este último año obtuvo medalla de primera clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes y un amplio reconocimiento. Cultivó todos los géneros, con especial dedicación al retrato. Esa faceta está presente en la Colección Banco Santander a través de la efigie de Cléo de Mérode, para algunos el mejor retrato del artista. Benedito retrató a la famosa bailarina –nacida en Bruselas en 1875 y fallecida en París en 1960– en el estudio que mantuvo en este periodo en la capital francesa. Realizado sobre un lienzo de grano muy grueso con una pintura diluida en sucesivas veladuras, su mayor acierto es la difuminación de los contornos de la figura en los fondos, lo que contribuye a sugerir un encanto misterioso en la retratada. Resulta elegante la entonación en ocres y verdes y el modo en el que el vestido negro con un sencillo escote resalta la delicadeza de la figura. 

Sus cualidades como retratista brillan también en la efigie realizada en 1952 del jurista zaragozano José Gascón Marín (1875-1962), que había sido ministro de Instrucción Pública, con la banda y placa de la gran cruz de Alfonso x el Sabio, que se le había otorgado en 1945, y la medalla de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, a la que desde 1920 pertenecía y que, un año después de pintarse el retrato, le elegiría como presidente. Con marcado realismo propio de la etapa final del pintor, la incidencia de la luz destaca de modo casi escultórico las manos y el rostro de la figura, que aparece vestida con toga.

Dentro de la importante aportación a los cuadros de género de Benedito, sobresalen los asuntos de caza; el artista era muy aficionado a esta actividad y tanto su padre como dos de sus hermanos estuvieron relacionados con ella por su dedicación a la taxidermia. Así, La vuelta de la montería es una composición casi épica, de gran monumentalidad, acentuada por la disposición de las figuras, que resaltan contra el cielo claro en la parte superior del lienzo. Su sentido decorativo, la precisión del dibujo y la nitidez del colorido obedecen sin duda a la intención del artista de que la composición sirviera como cartón para un tapiz. Dada la complejidad de la composición realizó varios estudios previos, entre ellos un excelente boceto conservado en la Fundación Manuel Benedito a partir de modelos tomados en una finca de Sierra Morena, lugar en el que fechó la pintura. Esta organiza su parte superior como un triángulo en cuyo vértice aparece un magnífico ejemplar de venado para el que el artista realizó un estudio, hoy en colección particular. El ciervo corona la composición como un trofeo en toda la plenitud de su sentido, y junto a él aparece el montero mayor con la escopeta y el reclamo, en tanto que en la parte inferior la reala de podencos muestra la habilidad del artista para captar los animales vivos y en movimiento. Con el mismo motivo realizó un aguafuerte de gran calidad. [Javier Barón Thaidigsmann]