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Toledo, 1964

Óleo sobre lienzo, 88,5 × 116 cm

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: «Beulas 64».

PANTALLA COMPLETA

José Beulas

Santa Coloma de Farnés, Gerona, 1921

La pintura de paisaje se convierte con el final de la Guerra Civil en un reducto de modernidad y libertad artística en el que los artistas encuentran unas posibilidades expresivas y formales inexistentes en otros géneros pictóricos. José Beulas desarrolla en este campo un estilo muy personal en el que confluyen sus orígenes catalanes con el conocimiento de Mir y la influencia de Meyfrén, Barradas y Vayreda, con su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) y las enseñanzas de Stolz y Vázquez Díaz. Su estancia en Madrid le permite conocer a los grandes pintores españoles en el Museo del Prado, pero también a otros artistas que influirán en su obra, como Palencia u Ortega Muñoz. Gracias a una beca reside durante unos años en la Academia Española de Bellas Artes de Roma, recorriendo toda Italia en una experiencia decisiva que le hace decantarse por la pintura de paisaje. 

Sus obras tienen en común el carácter esencial de una naturaleza endurecida cuyo mayor atractivo estético se encuentra en su propia simplicidad y depuración. Los paisajes de Huesca, recios, realistas y de composiciones sencillas, la meseta castellana y vistas monumentales de ciudades como Gerona, Ávila y Toledo, son los temas más tratados a lo largo de su trayectoria. Su paisaje de Toledo nos ofrece ciertas reminiscencias cubistas que sin duda se deben a la cercanía a Vázquez Díaz, dando lugar a un paisaje duro y áspero en el que se prescinde de todo aquello que pueda distraerle de su esencia misma. La década de los sesenta supone para Beulas su consagración como pintor, que se manifiesta en la consecución de premios como el de la Bienal de Pintura de Zaragoza (1962) o la primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes (1968), al tiempo que realiza exposiciones en España y Estados Unidos. 

Desde 1969 fija su lugar de trabajo en Huesca, donde la naturaleza nada tiene que ver con la de su Cataluña natal, prescindiendo paulatinamente en sus obras de todo lo accesorio para dar lugar a paisajes esenciales. Durante una época puede apreciarse la influencia de Antoni Tàpies, que se manifiesta en su preocupación por las texturas utilizando arenas, raspados y veladuras, como podemos ver en Monte Aragón. La reducción en la paleta cromática, así como los contornos de los edificios que se confunden con el paisaje, confieren a esta obra un cierto aire fantasmagórico. A simple vista puede pensarse que la propuesta de Beulas se encuentra muy cercana a la abstracción, algo erróneo si tenemos en cuenta que el pintor nos presenta un paisaje tamizado por su peculiar visión de la naturaleza. En Albero Alto nos ofrece las formas y elementos del paisaje de una manera a primera vista muy abstracta, pero emplea pequeñas manchas y pinceladas de colores ocres y tostados para distinguir las distintas parcelas y cultivos. [Genoveva Tusell García]