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Don Carlos de Borbón, rey de las Dos Sicilias, hacia 1745

Óleo sobre lienzo, 124 × 97 cm

PANTALLA COMPLETA

Giuseppe Bonito

Catellammare di Stabia, Nápoles, Italia, 1707 – Nápoles, 1789

Discípulo de Francesco Solimena, la facilidad de Giuseppe Bonito para el retrato le brindó la protección del marqués de Monteleagre pero su fama la obtuvo pintando cuadros de género y retratos de grupo muy cercanos a los de Gaspare Traversi. Nombrado en 1751 pintor de cámara de Carlos de Borbón, con sus pinturas de Santa Chiara de Nápoles se situará a la cabeza de un temprano gusto rococó. Director de la Academia de dibujo de aquella ciudad y encargado de la real fábrica de tapices de San Carlo alle Mortelle, acabará dejándose influir por el modo de pintar de Mengs en un sentido de sobriedad y refinada elegancia compositiva. A partir de 1775 su pintura se vuelve rígidamente académica agotándose su fértil capacidad creadora.

El retrato de la Colección Banco Santander fue pintado con toda probabilidad en torno a 1745 cuando don Carlos de Borbón contaba aproximadamente 28 o 30 años de edad. Dado su atuendo militar, con la presencia del casco, la coraza sobre su pecho, la bengala en la mano y la espada, su enérgica actitud de mando y disposición y el escenario bélico que se aprecia en el fondo de la pintura, podría estar relacionado con la brillante campaña militar de don Carlos al frente de su ejército en la batalla de Velletri contra las tropas austriacas el 12 de agosto de 1744, que le aseguró definitivamente la posesión del trono de las Dos Sicilias. Ricamente vestido con una casaca de color tabaco bordada en oro, sobre su pecho figura la insignia del Toisón y la banda de la orden de San Jenaro. Los nerviosos encajes de sus puños y corbata y las plumas de la celada dinamizan la esbelta figura del soberano, representado con los brazos en acción y de más de tres cuartos. 

Después de haberle retratado en varias ocasiones anteriores el pintor Giovanni Maria delle Piane y dada la edad avanzada que este tenía, en 1742 se reclamó en la corte de Nápoles la presencia de su discípulo Clemente Ruta. No obstante, sería el napolitano Giuseppe Bonito el encargado de fijar la imagen más noble y bella del hijo predilecto de la reina Isabel Farnesio.

La pintura presenta algunas variantes con respecto al retrato conservado en el Museo Campano di Capua y al ejemplar del Museo del Prado (cat. n.º P3946), procedente de la colección real española, de calidad más alta y preciosista, pero constituye otra nueva demostración del sostenido nivel de calidad mantenido por Bonito en sus diferentes réplicas. El francés Jacques François Gaultier, que se hallaba en Nápoles desde 1740, hizo un grabado de este mismo modelo que se convertiría durante un tiempo en la imagen oficial del soberano napolitano.

En él, como en todos los retratos de Bonito, está presente ese interés por individualizar al modelo, a base de acentuar la intensidad expresiva en su mirada o de su caracterización psicológica. La sutileza cromática, el refinamiento de la composición, la iluminación y vaporosidad de su atmósfera, le convierten en una obra excelente de este autor cuyas cualidades retratísticas fueron reconocidas oficialmente en 1751 al ser nombrado pintor de cámara del rey. El retrato se halla enmarcado por una moldura, ricamente tallada su dorada hojarasca, estrictamente contemporánea del mismo. [Jesús Urrea]