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Fernanda Gomes

Nacida en 1960 en Río de Janeiro (Brasil), donde vive y trabaja.
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Fernanda Gomes resucita objetos de la vida cotidiana, muchas veces ignorados, y los reorganiza en composiciones espaciales determinadas, bajo una estética minimalista, acentuando sus atribuciones especiales que surgen de la materialidad de sus componentes. La apreciación artística fundamentada en la estética del objeto es uno de los enfoques que llevan a Gomes a mostrar las piezas en su expresión más directa y lejos de evocar su manufactura, marca, e incluso función para centrarse en su formalismo.

La abstracción máxima de la fisicidad de sus piezas logra despegarlas de sus funciones y significados dentro de un sistema donde el entendimiento de un cuerpo está predominantemente basado en la función que lleva a cabo o en aquello que representa. La materialidad de la pieza se expone como el único recurso para transmitir una idea de manera directa, optando por la transformación de lo inmaterial en algo tangible y autónomo. Una cuerda de guitarra que, en conjunto y dentro de una estructura delimitada, logra emitir notas musicales, aparentemente se torna inútil y mínima al presentarse solitaria; una mesa con ruedas partida por la mitad y empotrada en la pared que pierde su función original bajo un aura duchampiana, y una repisa de acrílico sostenida por un hilo de nylon casi invisible son tan solo tres gestos a través de los cuales la artista logra evocar la abstracción del objeto en su máxima expresión. Muchos de estos materiales son encontrados en la calle o comprados en ferreterías o carpinterías comunes. La selección y agrupación de materiales tan sencillos como palos o esferas de madera natural, pelotas de pimpón o un vaso de cristal intentan desviarnos de la tendencia a tratar los objetos y sus elementos como símbolos de algo o señales que evocan algún deseo o emoción.

El significado de las «cosas», como la artista prefiere llamar a sus obras, es una construcción social que solo puede ser definida por una estructura de relaciones semióticas entre otros objetos y sus usuarios. Estas delicadas intervenciones logran puntos de tensión que surgen de lo espontáneo y lo poético de las estructuras originales de los objetos y de la simpleza que conllevan las nuevas formas de experimentar con el espacio donde se exhiben. Cada una de estas composiciones incita al espectador a un estado de concentración mental y emocional fuera de los prejuicios en torno al espacio y la forma que recibimos día a día. La artista pide que el espectador tome el tiempo de observar los objetos que en muchas ocasiones pasan desapercibidos o se ocultan detrás de una estructura mucho más compleja.

La obra de Gomes se sitúa en una herencia marcada por el constructivismo ruso, el minimalismo e incluso el arte conceptual, en el que la abstracción hacia el color, la forma y la idea son la base de un proceso creativo. Al mismo tiempo, es inevitable no pensar en el neoconcretismo brasileño, donde la reducción del color a su mínima expresión y la evocación del significado dieron lugar a nuevas reinterpretaciones de la forma de los objetos y su geometría. Incluso los procesos por los que construye cada una de sus «cosas» se convierten en comentarios autobiográficos que trazan una relación entre el material y la artista mediante la manipulación del objeto escultórico. [A. R. R.]

Obras