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Damián Ortega

Nacido en 1967 en Ciudad de México (México), donde vive y trabaja.
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La ciudad de Brasilia fue diseñada por el urbanista Lúcio Costa y el arquitecto Oscar Niemeyer, quienes erigieron imponentes edificios e inmensas explanadas conectados a través de amplias avenidas. Sin embargo, este icono de la arquitectura moderna tiene un fallo: no contempla a los transeúntes. La capital brasileña está lejos de ser un ideal para el peatón, ya que para transitar sus grandes avenidas se requiere de un automóvil, por lo que quienes se trasladan a pie han trazado sus propios caminos sobre las zonas verdes que separan avenidas y edificios, creando una vialidad alternativa.

Las diferentes clases sociales se separaron en dos grandes ciudades: la Brasilia utópica y las favelas de la periferia. La mancha de pobreza en las afueras de la ciudad planificada está habitada por hijos y nietos de los obreros que hace cincuenta años construyeron el «milagro» de Brasil. Así como Ortega lo expresa en su libro Do It Yourself [Hágalo usted mismo], mientras que la favela se construía de dentro hacia afuera por los trabajadores, ellos mismos hicieron que la «ciudad oficial» tomara forma de fuera hacia adentro.

A través de piezas como Recorridos Casa Barragán (2002) y 100 dólares de dieta (2000), Damián Ortega ha demostrado su interés en el recorrido como forma en la que se da el arte. Considera que las obras, más que objetos, son hechos. Las huellas de humanos invisibles que han destruido el plan original, los pasos que han dejado los habitantes de Brasilia, son la muestra del recorrido de un camino a escala humana. Los pasos que se ven en las tres fotografías que conforman Brasilia son el resultado de una solución por parte de los habitantes para continuar por su camino de una manera lógica. Las cicatrices en el césped son una muestra de la manera más elemental de desplazamiento, la caminata, acción prácticamente ignorada por los creadores de la ciudad. [M. G. G.]

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