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Vertical Torus, 2003

Dos planchas combadas de acero, 510 × 1.010 × 150 cm

PANTALLA COMPLETA

Richard Serra

San Francisco, California, Estados Unidos, 1939

Richard Serra es internacionalmente reconocido como uno de los grandes escultores de la segunda mitad del siglo XX. Durante los años cincuenta y primeros sesenta estudió Bellas Artes en la Universidad de Yale, para posteriormente viajar a París, Florencia y Roma, donde en la galería La Salita realizó su primera exposición individual. Sus primeras creaciones corresponden a una época de gran experimentación formal, explorando materiales poco usuales, como el caucho o el plomo fundido, y sus procesos de transformación. Al final de los sesenta desarrolla esculturas en plomo o acero de apariencia minimalista pero que van más allá del formalismo. Abstractas, se basan en geometrías elementales como el cuadrado, el cilindro o el cubo y en las propiedades físicas de los materiales, disponiéndolas de manera que se apoyen unas en otras en equilibrio sin soldaduras. Serra considera sus referentes la ingeniería del metal y la arquitectura moderna, desde Eiffel a Mies van der Rohe. Esta dimensión industrial y constructiva estará siempre presente, y en cierta medida procede de su conocimiento de las técnicas de fundición de cuando, siendo estudiante, trabajaba en acerías. Progresivamente fue abordando esculturas de un tamaño y peso cada vez mayor, creando piezas site-specific para distintos encargos en la naturaleza y en la ciudad.

En 2003, fecha de Vertical Torus [Toro vertical], Serra era ya una figura consolidada en el mundo del arte, con proyectos y exposiciones por todo el mundo. En 2005 completaría en el Museo Guggenheim Bilbao su instalación de ocho grandes esculturas, La materia del tiempo, iniciadas en los noventa. Esta obra de la Colección Banco Santander está constituida por dos planchas de acero curvadas en direcciones divergentes, dejando entre ellas un espacio. Su forma y título se refieren a un fragmento de una figura geométrica tridimensional llamada torus –toro–, aunque también está próxima a la implementación de planos cóncavo-convexos que desarrolla en otras obras. La escultura de Serra destaca con frecuencia por la monumentalidad de su tamaño y peso, aunque rechaza la idea tradicional de monumento. Negando la presencia del pedestal, la escultura se apoya directamente sobre el suelo. Para él la escultura de acero es una forma de construcción –sin lo utilitario de la arquitectura– que implica el trabajo sobre variables como gravedad, equilibrio, tensión, masa, estructura, cargas y diversas técnicas de realización (enrollar, torcer, doblar, retorcer, cortar, cerrar, rodear..., palabras procedentes de su Lista de verbos de 1967-1968). El proceso de realización es importante, y el control técnico es llevado por Serra a todas sus consecuencias, tanto en los estadios más puramente industriales como en las fases finales, en las que busca efectos cromáticos con el patinado siempre diferente de las superficies debido al tipo de acero, que genera su propia capa de protección frente a los agentes atmosféricos. Normalmente decide la forma a partir de la consideración del lugar previsto y, sin realizar dibujos previos, elabora maquetas con las que ensaya las posibilidades formales de estas obras que fundan su propio espacio y propician una experiencia táctil y visual, temporal y envolvente en el espectador. [Carmen Bernárdez]