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Homúnculo, 1960

Técnica mixta, 200 × 200 cm

Firmado en el ángulo inferior derecho: «MILLARES» Inscripción al dorso, en el bastidor: «200 × 200 cm Millares: Homúnculo, 1960»

PANTALLA COMPLETA

Manuel Millares

Las Palmas de Gran Canaria, 1921 – Madrid, 1972

Manolo Millares es uno de los artistas que definieron con más precisión los ideales del grupo El Paso. El sentido expresivo y dramático de su pintura, la preocupación por la materia y la progresiva reducción del color, dominan en sus cuadros. Sus obras, realizadas con arpilleras con las que introduce relieves en el cuadro, muestran una valoración inédita de la materia. El soporte deja de ser el apoyo en el que se asienta la pintura para convertirse en el protagonista absoluto. 

Millares, antes de crear este lenguaje, había desarrollado diversas experiencias sin las cuales no podría haber alcanzado la coherencia de su obra informalista. En Las Palmas, durante los años cuarenta, se había interesado por el surrealismo, por la pintura de Paul Klee y Joan Miró y, en una búsqueda de las raíces primitivas del arte, por el estudio de la cultura guanche. Estos planteamientos dan lugar a la realización de sus Pictografías en 1951. Más adelante, Millares abandonará esta tendencia y pasara a interesarse por el mundo de la materia, comenzando su producción con arpilleras. 

En 1955 se traslada a Madrid y hace el obligado viaje a París. En 1957 Millares, junto  con los artistas Canogar, Feito, Saura, Suárez, Juana Francés y Serrano, funda el grupo El Paso, en el que se aglutina la vertiente desgarrada y expresiva del informalismo español. Al año siguiente se unen además Viola y Chirino.

El Homúnculo de 1960 sirve de ejemplo de la expresividad límite a la que llega Millares con el trabajo de las arpilleras, arrebujadas como las momias guanches y tratadas con una gran limitación del color, reducido al negro y al blanco. Estos colores acentúan el carácter patético y desgarrado de la imagen y, en el imaginario colectivo, se asocian a la idea de la muerte, una idea que Millares lanza como un grito desgarrado y de protesta frente al mundo asfixiante que le rodea. El mismo efecto se produce en Homúnculo de 1969, pero esta vez a través del blanco. La expresividad patética del blanco se configura por la potente presencia de los relieves de la arpillera y el activo papel que desempeña el negro y las caligrafías distorsionadas que aparecen en diversas partes del cuadro. Estos planteamientos, llevados al límite en obras como Pintura, se mueven en el campo de la abstracción, pero con sugerencias figurativas a través de la corporeidad que aporta la arpillera. No se trata de referencias representadas, sino de realidades materiales presentadas con las que el artista muestra una conexión desgarrada con el mundo circundante. [Víctor Nieto Alcaide]

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