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Choque, 1968

Óleo sobre lienzo, 160 × 111 cm

PANTALLA COMPLETA

Luis Gordillo

Sevilla, 1934

A finales de los años cincuenta, el joven pintor Luis Gordillo viaja desde Sevilla a París al encuentro de las modernas corrientes del informalismo y expresionismo europeo que allí practican, entre otros, Michaux, Fautrier y algunos reconocidos compatriotas suyos como Tàpies y Millares. En los años siguientes, las obras de Gordillo tantean el sombrío campo existencialista del informalismo, asentando en su pintura la libertad gestual del automatismo. No obstante, poco después esta afinidad estética se resiente basculando hacia la tendencia casi antagónica del pop art anglosajón, que insufla un renovado ánimo festivo a su paleta y afianza su particular figuración en el nuevo realismo de la vida moderna en las urbes tecnificadas. 

En el desarrollo de su peculiar pop dentro de la reaccionaria dictadura franquista, esta línea asciende por la década de los sesenta encauzada con ayuda del psicoanálisis al que se somete el pintor desde 1963, un método del que se sirve para organizar el frenesí creativo y que termina por argamasar la obsesión ordenadora de su propia psique con elementos de la abstracción constructiva que practican algunos compañeros de profesión. Este racionalismo geométrico al que Gordillo accede hacia 1966 desde una posición no solo estética sino esencialmente ética, influido por sus amistades marxistas que confían en el poder de regeneración moral del arte, palia el hondo sentimiento de culpabilidad expresionista que arrastra consigo la libertad que conservaba del informalismo. A este momento de transición en su obra pertenecen Gran bombo dúplex y Choque. 

El cromatismo plano y audaz es sintomático de la influencia pop que se extiende en las series Los peatones, Los hombres vespa y también en Los bombos y Los automovilistas, a las que pertenecen las dos obras de la Colección Banco Santander. En ellas, la pintura tradicional se mira en los tecnificados medios publicitarios con la intención de rebajar la alta cultura al escenario tecnológico que rodea al individuo moderno, quien aparece confundido con la máquina o encerrado en el cilindro del bombo como en una lata de sopa. Los cuerpos esquemáticos que se repiten en estas pinturas se presentan como anónimos ciudadanos, reflejo de las contradicciones que conviven en el propio Gordillo, como los dos perfiles de Jano a los que se asemejan. Las obras forman una secuencia doble que el sevillano califica como dúplex (que no díptico), algo que refiere no solo a la publicidad de viviendas que empiezan a venderse entonces bajo este nombre, sino también a la yuxtaposición de binomios que se complementan –tal es la compensación cromática en Gran bombo dúplex– y que en ocasiones explotan al acercarse, como el control geométrico y la figuración orgánica en Choque

En este sentido, el método que utiliza Gordillo durante la creación de estas obras procesa el gesto espontáneo del boceto preparatorio, lo geometriza y lo transforma en una estructura concebida conscientemente, observando una labor racionalizadora que, finalmente, supone un nivel de control intolerable para él. Tras Choque, último cuadro de este periodo, su organismo no puede soportar más el drama. Había retenido éticamente demasiado tiempo una posición constructiva, cuyo estallido suponía el final de esta prolífica etapa. [Almudena Cruz Yabar]

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