Volver

Bodegón de flores, hacia 1650-1660

Óleo sobre lienzo, 122 × 101 cm

Firmado en la zona inferior derecha: «Arellano»

PANTALLA COMPLETA

Juan de Arellano

Santorcaz, Madrid, 1614 – Madrid, 1676

Juan de Arellano se formó con Juan de Solís y fue compañero de generación tanto de Juan Carreño de Miranda como de Francisco Rizi. Sin embargo, su obra se desmarca de la de estos gracias a la maestría que alcanzó en el género de la pintura de flores. Trabajó principalmente para la clientela privada y su producción está repleta de un significado simbólico donde no están ausentes las referencias a las vanitas y a la fugacidad de la vida. 

En sus guirnaldas y floreros comienza siguiendo los modelos flamencos del jesuita Daniel Seghers, siendo también fundamental –ya avanzada su carrera– la impronta de Mario Nuzzi por la opulencia, frescura y calidad a la que llega en las flores y en la pincelada de colorido vibrante. También desarrolló la pintura religiosa dependiendo excesivamente de los modelos ajenos y especialmente de las estampas flamencas. Estas también le sirvieron a la hora de ejecutar sus famosas series de los sentidos. Sin embargo, fue en la pintura de flores donde destacó especialmente y donde desarrolló su producción de forma autógrafa, disfrutando de una clientela bien acomodada que demandaba obras de este carácter, en las que la fidelidad a su entorno botánico más inmediato fue lo que nutrió su repertorio. 

Todos estos elementos se aprecian en este Bodegón de flores, donde un cesto con rosas, anémonas, tulipanes, lirios, narcisos de manojo y otras flores aparece en la parte inferior y centrado sobre un plinto. En la parte superior, bajo un motivo arquitectónico decorativo de tarja o cuero recortado, se representan sendas guirnaldas de flores y unas mariposas revoloteando en clara alusión a la fugacidad de la vida y a la belleza de lo etéreo y pasajero. La complejidad de la obra y su evidente carácter barroco, donde se han meditado cuidadosamente los volúmenes y la compensación de los grupos, ha sido estudiada por Pérez Sánchez, quien localizó la pareja de este florero, que perteneció también al marqués de Moret en 1935, habiéndose expuesto conjuntamente en la exposición Floreros y bodegones de la pintura española organizada por Cavestany en ese año. 

La extrema delicadeza en el tratamiento de las flores y la pincelada sedosa y suelta nos obligan a pensar en un momento intermedio de la producción de Arellano, entre los años de 1650 y 1660, etapa especialmente venturosa de su carrera y en la que afronta composiciones especialmente afortunadas y complicadas.
Contrariamente a lo que algún autor ha planteado, este bodegón de flores no puede considerarse como la pareja del que conserva el Museo de Belas Artes da Coruña porque en esa obra hay un sentido alegórico con la presencia del espejo que aquí no observamos. Sin embargo, sí que hay que dotar de un sentido especialmente simbólico la presencia de las mariposas revoloteando, que tanto en el florero que ahora comentamos, como en el de su pareja de colección particular, evidencian un claro simbolismo sobre la fugacidad de la vida y la belleza de lo efímero, advirtiéndose también en algunos detalles una gran maestría tanto en la pincelada como en la composición, que gusta de una armonía y equilibrio compositivo notables. [Benito Navarrete]