Volver

Escultura-fuente, 2005

Granito de Zimbawe, 75 × 120 × 120 cm c/u (2 piezas)

PANTALLA COMPLETA

Juan Asensio

Cuenca, 1959

Desde sus años de formación autodidacta al calor del Museo de Arte Abstracto en su Cuenca natal, el escultor Juan Asensio ha encauzado su obra por el terreno de una particular abstracción geométrica. Ya en las formas de sus inicios se apreciaban las leves curvaturas y sutiles torsiones que anunciaban tempranamente la organicidad que se ha ido asentando en su escultura. Según el propio Asensio, su trabajo se sitúa en la linde que separa la geometría natural y la matemática, rastreando el principio generador que le permite realizar obras que «no imitan la naturaleza, sino que se aproximan a ella a través de la abstracción».

De esta forma pertrechado, el escultor conquense realiza en el año 2005 las dos Esculturas-fuente para ser emplazadas específicamente en la Ciudad del Grupo Santander en Boadilla del Monte, donde dispone dos imponentes bloques de granito negro de Zimbawe de cuyas entrañas mana el agua que los reviste. Sobrios en la forma y austeros en el cromatismo, su ruda textura non-finito evoca a la que consiguen los elementos naturales sobre el paisaje. 

Así desplegadas en las terrazas las dos rocas, Asensio prescinde de lo anecdótico centrándose en un juego de complementarios y opuestos. A primera vista, ambas fuentes son casi idénticas excepto en su cara superior: una es cóncava y la otra convexa, entablándose una fuerza de atracción entre las dos partes que reclaman su contrario, como el clásico dualismo natural entre femenino y masculino. 

Así mismo, Asensio concilia en sus Esculturas-fuente dos principios elementales, el agua y la piedra, a los que acompaña una inevitable carga simbólica de opuestos; la roca, inmutable e indiferente, es para el agua, inestable y metamórfica, el seno de donde brota. Con el correr del agua en la fuente, Asensio salva por ende la abrumadora inmovilidad del monumento público, relegado a un congelado gesto perpetuo o a la mole inmisericorde, avivando el volumen del granito con el suave cabrilleo acuático. 

Es aquel un rumor de agua de manantial el que recubre la dureza de la piedra y no el chasquido del surtidor, sometido el líquido a la quietud del jardín árabe. En conjunto, el ambiente se configura en torno a la pareja de Esculturas-fuente como un espacio íntimo emplazado en un lugar concurrido que se presta a la placentera contemplación. [Almudena Cruz Yabar]

más obras del autor