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Vanitas, hacia 1675

Óleo sobre lienzo, 50 × 64 cm

Restos de firma ilegibles en el borde del cuaderno de partituras Firma apócrifa en el ángulo inferior izquierdo: “AP.”; en el bastidor: “Antonio de Pereda”.

PANTALLA COMPLETA

Edwaert Collier

Breda, Holanda, 1642 – Londres, 1708

Considerado hasta ahora como anónimo francés del siglo XVII, pues las referencias a Pereda son apócrifas, se propone la atribución al neerlandés Edwaert Collier (nombre y apellido aparecerán en la época con diversas variantes). 

Nació en Breda, ciudad entonces holandesa, hijo de un comerciante de tabaco que murió en 1651. Pasó a Haarlem, donde ingresó en 1664 en la corporación de pintores; quizá fuera su maestro Vincent Laurensz van der Vinne. En las obras tempranas –las hay datadas desde 1661– se aprecia el influjo del estilo monocromo en las naturalezas muertas, que representa aquel junto a Pieter Claesz y a Johannes Vermeulen. En 1667 se trasladó a Leiden e ingresó en la guilda en 1673, año en que murió su primera esposa; volvió a casarse en 1677 y en 1681. Se estableció en Ámsterdam en 1686, donde ingresó en el gremio en 1688; allí nacieron cuatro hijos. En 1693 se trasladó a Londres, donde pintó sobre todo trampantojos y murió, siendo enterrado en St. James Piccadilly como perteneciente a la iglesia reformada holandesa.
 
La excelente tesis doctoral de Minna Tuominen (Helsinki, 2014) se refiere a 180 obras, muchas conservadas en una veintena de importantes museos de Europa, Estados Unidos y Japón, y, entre ellas, bastantes firmadas y datadas. No se conoce en España ninguna que se le haya atribuido hasta ahora.

La denominación vanitas tiene origen en el texto que abre y cierra el Eclesiastés (1,2 y 11,8): «vanitas vanitatum et omnia vanitas», refiriéndose a lo perecedero de los bienes terrenales, siempre perseguidos por los hombres. Entre protestantes y católicos, este pensamiento se desarrolló iconográficamente mediante los objetos que simbolizan las riquezas y vanidades del mundo.
 
Sobre una mesa con opulento tapete de flecos y rica cortina al fondo, dispone elementos de poder –cetro y corona–, de riqueza –monedas y cofre con cadenas y collares–, alusiones al amor –pequeño retrato de una dama elegante similar al del ejemplar de 1675 del Museo de Bellas Artes de Budapest–, al disfrute de los sentidos –perfumador– o a la diversión –naipes y dados, partitura y trompeta–. El globo terráqueo sugiere la universalidad de estas tentaciones y el espejo la soberbia humana, mientras los relojes recuerdan el paso del tiempo que pone fin a toda vanidad.

Las vanitates proliferaron en los Países Bajos del norte y del sur, y también en Francia y España. El aumento del género en tiempo de Collier se ha relacionado con el influjo cultural ejercido por la Universidad de Leiden, ciudad donde vivió el pintor. Además de los tres pintores de Haarlem antes citados, hay que mencionar pinturas parecidas a esta de Gerrit Dou y Frans van Mieris en Leiden, Carstian Luyckx y Jan Davidsz de Heem en Amberes y Simon Renard de Saint-André en París. No obstante, este ejemplar responde mejor a la manera de Collier. Constantemente repetido en su obra es el letrero, con diferentes textos, alusivos a la vanitas. El perfumador sustituye aquí a otras piezas de platería y está ausente la calavera que aparece en bastantes de sus pinturas. La desordenada colocación y la ocupación plena del espacio, la atención al color cálido y a los efectos de claroscuro son propios del pintor, que sabe sugerir el carácter opulento y decorativo conveniente, fruto de repetida experiencia. [José Manuel Cruz Valdovinos]