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Retrato de caballero, 1831-1838

Óleo sobre lienzo, 72,5 × 59 cm

Firmado en la zona inferior izquierda: «A. M. Esquivel»

PANTALLA COMPLETA

Antonio María Esquivel

Sevilla, 1806 – Madrid, 1857

Formado en la Academia de Bellas Artes de Sevilla, ciudad en la que comenzó su andadura artística, Antonio María Esquivel se trasladó a Madrid en 1831 gracias a la ayuda de Julian Benjamin Williams, coleccionista y diplomático británico. En la capital acudió a las clases de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que más tarde llegaría a ser profesor y académico, y tomó parte activa en los principales círculos culturales del Romanticismo madrileño, retratando a muchos de sus protagonistas en uno de sus cuadros más conocidos, Los poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor (1846, Museo del Prado). En 1837 participó en la fundación del Liceo Artístico y Literario, de cuyos miembros recibió generosa ayuda durante los dos años que padeció una ceguera ocasionada por una enfermedad en 1838. Recobrada la vista, Esquivel retomó su carrera, realizando a partir de entonces la mayoría de las obras que le consagrarían como uno de los grandes nombres de la pintura española decimonónica. Hasta su prematura muerte, contó con el favor y aprecio de la familia real y de algunos de los principales personajes de su tiempo, como el deán Manuel López Cepero.
 
Destaca también su labor como teórico y polemista, que le llevó a participar en algunos de los principales debates artísticos mantenidos en la capital durante las décadas centrales del siglo xix, en los cuales se mostró defensor de la tradición nacional, en consonancia con su propia obra. Fruto de su vocación docente cabe señalar el Tratado de Anatomía Pictórica, destinado a la formación de los jóvenes artistas. 

Aunque cultivó con brillantez la pintura de composición, sobre todo la de asunto religioso y mitológico, la reputación y fortuna de Esquivel se deben en buena medida al retrato. En este género, en el que demostró también sus dotes como miniaturista, resultó particularmente fecundo. Así lo demuestran las diferentes tipologías, algunas de ellas derivadas de la tradición inglesa, con las que intentó adaptarse a la clientela de la sociedad isabelina y que supusieron una novedosa aportación al panorama artístico español. 

Para satisfacer la demanda de la pujante burguesía y procurarse el sustento en sus difíciles inicios, el artista prodigó durante los primeros años madrileños un tipo de retrato destinado al ámbito estrictamente privado, del que este Retrato de caballero es un buen ejemplo. En estas obras de pequeño tamaño, que suelen tener un formato de busto prolongado, el modelo está tratado de manera íntima y cercana, con especial sobriedad formal. Si bien esta se ve aquí relativamente atenuada por el diseño decorativo del chaleco, descrito con detenimiento, y por la presencia del cortinaje rojo, que asoma por la derecha sobre el característico fondo oscuro. A pesar de ello, la atención se concentra en el rostro del personaje, de expresiva y cercana mirada y tratado con una sinceridad y fidelidad ajenas a la idealización que presentan los retratos de aparato a los que Esquivel se dedicó con frecuencia a partir de 1840. [Pedro J. Martínez Plaza]