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Sin título, 1992-1993

Caliza Kilkenny, 211 × 296 × 58 cm y 211 × 296 × 55 cm

PANTALLA COMPLETA

Anish Kapoor

Bombay, India, 1954

Nacido en India, Anish Kapoor se trasladó a Londres a principios de la década de los setenta del siglo XX. Estudió en el Chelsea College of Arts, instalándose definitivamente en Gran Bretaña. Su obra escultórica, que pronto empezó a conseguir un reconocimiento que no ha hecho sino crecer, incorpora una gran diversidad de materiales: pigmentos, fibra de vidrio, acero inoxidable, cera y piedra. En los años ochenta expuso internacionalmente esculturas con pigmentos en polvo de colores intensos, creando instalaciones de formas abstractas y de apariencia orgánica. En su obra las formas y colores están impregnados de un lirismo en el que se encuentran aspectos de las culturas india y occidental. En los años noventa, Kapoor recibe importantes galardones, como el Premio Duemila de la Bienal de Venecia o el Premio Turner, y es elegido académico de la Royal Academy of Arts de Londres. En esa década inicia su trabajo con calizas, mármoles y pizarras, y desde el 2000 amplía progresivamente la escala de sus proyectos escultóricos. 

Esta obra que comentamos, de 1992-1993, está realizada con dos bloques de caliza negra enfrentados, dejando una distancia entre ellos que ha de entenderse como un espacio activo. Cada pieza ofrece un fuerte contraste entre su parte interior, cuidadosamente pulida, tersa y brillante, y la exterior, rugosa, apenas tallada.
Ambas constituyen una única forma que asume la dualidad. En las caras interiores de los bloques se abre un hueco semiesférico que, de unirse estos, generarían en el interior un núcleo hueco. En ese caso nada nos haría intuir ese vacío interior, pero al estar abierta y a la altura del espectador, Kapoor le está proponiendo a este imaginar la escultura como si fuera uno de esos objetos naturales que guardan en su interior formas o colores inusitados que solo vemos cuando se rompen y abren. Son objetos hechos a sí mismos, que nadie ha fabricado y que la naturaleza elabora con su poder transformador de la materia. Esta idea procede de la estética hindú y establece la diferencia entre lo «hecho a sí mismo» y lo realizado por el hombre gracias al artificio. Kapoor combina ambas ideas asumiendo el trabajo escultórico como un encuentro entre lo material y lo inmaterial, entre la masa pétrea y el vacío. Muchas de sus esculturas de los años ochenta estaban dominadas por una fuerte horizontalidad, extendiéndose por el suelo. Sin embargo, en esta y otras piezas parecidas de los años noventa, la verticalidad y la experiencia del vacío predominan. Un vacío que implica un contraste de luz y oscuridad. Si antes lograba la sensación de luz con el intenso color, en estas esculturas la obtiene mediante el pulimento de la piedra. El propio material tiene también para Kapoor sentido simbólico, pues la caliza procede de una acción geológica a través del agua que incorpora en su formación los demás elementos: un objeto no estático, sino dinámico en su propia esencia. [Carmen Bernárdez]